XVIII. MEJORAR LA PRÁCTICA DOCENTE

¡Buenos días! Y por si no nos vemos luego, ¡buenos días, buenas tardes y buenas noches!

Hoy toca reflexionar acerca de cómo analizar y mejorar la propia práctica docente. Para ello, hay que determinar cuáles son estas áreas de mejora, y he encontrado sumamente interesante el estudio que el gobierno vasco llevó a cabo al respecto: Mejora de la práctica docente. Una experiencia de autoevaluación. En él, se reunió a doce directores de centros y a un asesor del Berritzegune —Centro de Apoyo a la Formación e Innovación— con el fin de elaborar un instrumento para evaluar la práctica docente habitual y experimentar su eficacia junto al profesorado de los centros en cuestión.

Así, se orienta la reflexión hacia los los procesos internos de los centros en sí mismos en lugar de hacia los alumnos y sus resultados, lo que supone una innovación de cara al análisis de qué afecta a los procesos de aprendizaje.

En cuanto a la metodología que siguieron, partieron de las actividades de aula para desarrollar una herramienta con la que reflexionar en torno a la práctica didáctica y, a partir de ella, impulsar el proceso de mejora de los centros. Los ámbitos de reflexión se distribuyeron en cuatro apartados, los más significativos para abordar las prácticas del profesorado: programación, diversidad, actividades en el aula y evaluación.

¿A qué conclusiones llegaron? Bien, a muchas; a tantas, que recomiendo leer el texto completo —de verdad que merece la pena—, pero de las que considero más relevantes he preferido dejar constancia por aquí. Estos son, pues, los aspectos a mejorar en cada uno de los ámbitos mencionados:

1. Diversidad: se debe redactar y comunicar al profesorado el procedimiento para tratar la diversidad. Además, se deben impulsar estrategias como la lectura, el aprendizaje por parejas, el aprendizaje cooperativo... y se debe prestar atención a los alumnos que tienen aptitudes especiales o que se encuentran por encima de la media de resultados.

2. Programación: se deben hacer las programaciones de las áreas que faltan desde una perspectiva competencial y se debe prestar atención a la programación prolongada. También se ha de tener en consideración más contextos.

3. Actividades en el aula: hacer más trabajos en grupo impulsando el uso de herramientas TIC y el fomento de la expresión oral. Es conveniente que los ejercicios propuestos sean amplios, procedimentales, plurales, proyectos...

4. Evaluación: hay que programar planes de recuperación. Los criterios de promoción han de estar consensuados al final del ciclo o del curso, en cuanto a las aptitudes se refiere, y se debe evaluar la idoneidad de los recursos y las actividades a nivel de seminario.

Si bien es cierto que todo esto hace referencia a los centros concretos que participaron en el estudio, considero que estas conclusiones son extrapolables al conjunto de centros educativos, y que todos —desde los directores hasta los docentes— pueden aprender de ellas.

En cualquier caso, creo que esta autoevaluación —o una parecida— puede ser enormemente beneficiosa de cara a reflexionar acerca de la calidad de las prácticas docentes que se llevan a cabo, y tal vez este estudio pueda servir de modelo para otros de otros lugares, lo que no deja de ser uno de los objetivos que perseguía el documento. Después de todo, hay que ser crítico con uno mismo de vez en cuando, ¿no?

¡Nos leemos!

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