XVI. ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD: LA DISLEXIA
Al hilo de la entrada anterior, que versaba acerca de la atención a la diversidad, concretemos un poco más para hablar de una discapacidad específica: la dislexia. Se trata de un tipo de discapacidad de aprendizaje que dificulta la lectura, la comprensión lectora, la ortografía y la escritura, pero que no está relacionada en absoluto con la inteligencia del individuo que la padece. Etimológicamente, podemos remontarnos a las palabras griegas dys —«mal» o «con dificultad»— y lexis —«habla» o «dicción»—, que dan origen al término que conocemos hoy en día.
He decidido centrarme en la dislexia por tratarse de un trastorno que tiene una prevalencia de entre un 5% y un 10% en el mundo hispánico, con lo que es bastante frecuente; el más frecuente entre la población de edad escolar, de hecho. Además, su detección no es una tarea sencilla —especialmente en una lengua tan transparente como el español, que se lee igual que se escribe—, de modo que me parece relevante hablar de ella. Es muy probable que tengamos alumnos disléxicos en algún momento de nuestras vidas profesionales.
Las dislexia no se manifiesta a nivel anatómico, y a nivel funcional, no aparece en personas que tengan obstáculos de tipo físico, psíquico o sociocultural. En otras palabras: es una discapacidad que parece derivar de una alteración del neurodesarrollo y que «sólo» limita a los individuos de cara a realizar tareas relacionadas con la lectura y la escritura; es por esto que no se consideran disléxicos aquellos niños que presenten algún retraso intelectual o madurativo, alguna discapacidad psíquica o física, que no hayan sido escolarizados o que se encuentren en situaciones ambientales desfavorables.
El principal problema de la dislexia es su incompatibilidad con el sistema educativo, ya que en él, todos los aprendizajes se realizan a través del código escrito. De este modo, los estudiantes disléxicos se encuentran con el contratiempo de no poder llegar a los conocimientos por medio de la lectura, lo que les impide —o por lo menos les obstaculiza— la adquisición de los mismos, especialmente en el caso de materias como Historia o Lengua.
Sobre las medidas a tomar para facilitar la participación de los alumnos con dislexia, huelga decir que cada niño es un mundo, y que no todos presentan las mismas dificultades o características por estar aquejados del mismo trastorno. En un primer lugar, pues, urge hacer un diagnóstico exhaustivo y detallado a fin de poder establecer programas de intervención específicos en cada caso.
De todos modos, en cuanto a medidas generales, recomendaría la adaptación tanto de la forma en que se imparten los contenidos como de la forma en que se realizan las evaluaciones. Asimismo, los docentes habrían de estar disponibles para proporcionar la ayuda que sea precisa —corregir los apuntes del alumno, ofrecerle asesoramiento pedagógico...—, de tal manera que los niños, adolescentes y jóvenes disléxicos puedan seguir las clases con relativa facilidad. Hay que tener en cuenta, además, que la dislexia es una discapacidad que permite la inclusión en centros ordinarios de quienes la sufren, pues las necesidades que estos requieren pueden tratarse sin necesidad de un gran desembolso económico por parte de las escuelas; sólo hacen falta docentes sensibilizados, informados y formados al respecto.
En España contamos con diversas asociaciones que trabajan en el ámbito de la dislexia; os dejo una lista de algunas de ellas —federadas y no federadas— en esta página. Me gustaría hacer especial mención a DISLEON, la Asociación «Superar la Dislexia» de Castilla y León, y Vallal3xia, la Asociación vallisoletana de dislexia y DEAS, por ser las más cercanas a nosotros geográficamente hablando.
Por último, querría concluir esta entrada haciendo alusión a la importancia de la representación de las discapacidades en las artes, puesto que contribuye ampliamente a la normalización de la existencia de los trastornos y permite a los individuos —especialmente a los más jóvenes— verse reflejados en los héroes de películas, libros, etcétera, y sentirse mejor consigo mismos. A este respecto, os recomiendo la saga de Crónicas del Campamento Mestizo de Rick Riordan, cuyos protagonistas —Percy Jackson, Annabeth Chase y compañía— son jóvenes semidioses que tienen dislexia y TDAH, como el hijo del propio autor, para quien Riordan escribió los libros en primera instancia.
Y aquí, las fuentes consultadas:
https://blog.changedyslexia.org/que-porcentaje-de-la-poblacion-tiene-dislexia/
https://kidshealth.org/es/teens/dyslexia.html
https://www.ladislexia.net/definicion-dislexia/
¡Un saludo!
Comentarios
Publicar un comentario