VIII. LA DESCENTRALIZACIÓN EDUCATIVA
¡Hey! Hoy vamos a hablar de la educación en casa —también conocida como homeschooling—, un tema que abordamos en clase a raíz de la visualización de este vídeo.
Como podéis comprobar, se trata de una entrevista a una familia vallisoletana en la que los hijos —un niño y una niña— no están escolarizados, sino que estudian desde su casa. Esta práctica, como su propio nombre indica, consiste en la realización del proceso de aprendizaje de los niños exclusivamente en el ámbito del hogar, fuera de las instituciones educativas, pero de la mano de un profesor o tutor y con un plan de estudio legal. En España, este tipo de enseñanza no está regulada, a diferencia de lo que sucede en otros países —como Estados Unidos, al que la madre del vídeo alude en más de una ocasión—, donde está incluso normalizada.
Es evidente que el tema planteado es un interesante objeto de debate en potencia, algo que creo que se desaprovecha en el vídeo: el reportaje sólo nos muestra la perspectiva de la madre, que es muy crítica con el sistema educativo español y utiliza el desencanto que siente hacia el mismo para justificar su decisión de educar a sus hijos al margen de este. Si bien está claro que el sistema tiene sus ventajas, tampoco deberían pasarse por alto los inconvenientes... que los hay, dejando a un lado el hecho de que los docentes —futuros docentes, en nuestro caso— nos quedaríamos sin trabajo.
Consideremos en primer lugar el lado positivo. Teniendo medios, capacidades y tiempo, que los padres eduquen a sus hijos en casa es algo muy favorable, puesto que cuentan con la ventaja de una atención individualizada de la que jamás dispondrían en un aula, donde un único profesor es responsable del aprendizaje de unos treinta alumnos de media. De este modo, los padres pueden controlar el progreso de sus hijos de manera directa y, además, desaparecerían los posibles conflictos —como el acoso escolar, por ejemplo— que, desgraciadamente, son habituales en los centros educativos. Asimismo, esta práctica permite una mayor flexibilidad en los horarios y es más cómoda de cara a la movilidad.
Por otro lado, también es cierto que el asunto tiene su parte negativa. En primer lugar, el gasto económico: son las propias familias las que tienen que proporcionar los materiales y, como mínimo, uno de los progenitores ha de convertirse en profesor a tiempo completo. Tal vez no sea quien imparta todos los conocimientos —en el caso del vídeo, los niños estaban matriculados en una escuela a distancia que les proporcionaba el temario a aprender—, pero debe ser responsable, aunque sea simplemente a modo de mediador, de que sus hijos los adquieran, y esto no es algo que pueda permitirse todo el mundo. Además, se confunden los límites que separan a la figura del padre de la del profesor, lo que podría suponer un problema para los niños —sobre todo en edades tempranas—, ya que la presencia constante de sus padres tanto en su vida académica como personal puede coartar su libertad en cierto modo. En esta misma línea, aparece la cuestión de la socialización con personas de su misma edad, que se puede suplir a través de alternativas como las actividades extraescolares, pero no termina de ser lo mismo, porque el entorno en el que se socializa es igualmente relevante que las personas. Por último, cabría destacar que la educación en casa, de mano de los padres, impide —o podría impedir, según el caso— el acceso de los niños a ideales y visiones del mundo distintas a las que se pretende inculcarles desde casa, lo que iría en detrimento de su derecho a ser sus propias personas.
En cualquier caso, creo que, ante todo, esta alternativa abre un debate, y pone de manifiesto la necesidad que hay de revisar el sistema educativo existente. Está claro que existe un descontento que ciertas familias —las que pueden— han puesto medios para subsanar, y lo cierto es que no todas las críticas del vídeo son infundadas. El sistema no es perfecto, con lo que es natural que se busquen alternativas que se consideren más adecuadas... si bien es cierto que una práctica generalizada de este tipo de educación podría suponer un problema grave, sobre todo teniendo en cuenta que los profesionales de la educación no intervendrían en el proceso de aprendizaje.
En esta misma línea, es interesante reflexionar acerca de cómo afecta el homeschooling a la adquisición de las competencias básicas. Y por concretar un poco más, ¿cómo afecta a la competencia emprendedora?
La competencia emprendedora (iniciativa) se refiere a la posibilidad de optar con criterio propio y llevar adelante las iniciativas necesarias para desarrollar la opción elegida y hacerse responsable de ella en el ámbito personal, social y laboral. En otras palabras, es la capacidad de los alumnos para tomar decisiones por sí mismos que afecten al futuro sus propias vidas.
En mi opinión, esta competencia es muy difícil de alcanzar a través de la educación en casa. Me explico; la independencia del alumno es muy reducida si su entorno se reduce al familiar —si bien esto puede suplirse a través de las actividades extraescolares, no termina de ser lo mismo que acudir a la escuela—, y es muy probable que este acabe limitándose a reproducir las ideas y pensamientos que vea en casa. Aquí se plantea una cuestión que ya he mencionado antes: ¿hasta qué punto existe el criterio propio si la posibilidad de acceder a distintas fuentes de información es limitada? En realidad, depende mucho de cada caso particular, de cada padre y de la actitud de este frente a sus hijos, de si quiere educarlos a su imagen y semejanza o no. Y esto podría ser peligroso.
La escuela, por su parte, cuenta con varios profesores —uno por asignatura— que, además de ser profesionales, tienen distintas ideas que de un modo u otro, queriendo o sin querer, terminan transmitiendo. Los estudiantes están expuestos, en estos casos, a distintas personas con distintos pensamientos con los que poder estar de acuerdo o no. Además, la vida en las aulas, la falta de esta atención individualizada, les obliga a tomar decisiones por sí mismos en ausencia de una persona que siempre esté disponible para decirles qué hacer.
Como conclusión, yo diría que la educación en el hogar no es necesariamente algo malo y algo contra lo que hay que luchar, sino otra forma de educar con sus virtudes y defectos, con sus defensores y sus detractores, a la que también habría que escuchar de vez en cuando. Quizás acabemos aprendiendo algo.
¡Nos leemos!
Hola Patricia! Estoy de acuerdo contigo en todo lo que dices. La verdad es que en todas tus entradas explicas muy bien tus argumentos y tus conclusiones. Me gusta mucho leerte siempre tienes algo interesante que aportar y siempre aprendo algo. Gracias!
ResponderEliminar¡Hola, Mónica! Perdóname, que no he visto tu comentario hasta ahora... ¡Pero muchísimas gracias por tu feedback! De verdad que me anima un montón, me alegra saber que me hago entender. ¡Y enhorabuena también por tu blog! Que lo he leído y cuentas un montón de cosas súper interesantes, así que aprovecho para recomendárselo a quien lea —si lo leen— el comentario. ¡Gracias a ti! Un saludo.
EliminarBuenas. Interesantísima tu forma de abordar la cuestión. Creo que es poco productivo decantarse muy a favor o muy en contra, porque, como se ve en tu entrada, la educación casera tiene sus puntos fuertes y sus puntos flacos.
ResponderEliminar¡Hola, Rodrigo! Estoy completamente de acuerdo contigo; la virtud está en el término medio, que se suele decir, y hay que saber tanto valorar como aprender de los aciertos —ojo, también de los errores— de las alternativas existentes. ¡Muchísimas gracias por tu comentario! Nos vemos en clase y nos leemos en los blogs.
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