V. MEJORAR LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN

¡Muy buenas! Pues resulta que el pasado 28 de septiembre tratamos en clase el tema de los Objetivos de la Educación para la década 2010-2020 que fijó el Consejo de Ministros en 2010, y, en grupos, reflexionamos acerca de ellos. En esta entrada, la idea es presentar dichas conclusiones; más concretamente, a las que llegó el grupo del que formé parte y que giraron en torno al Objetivo 2: Equidad y excelencia. La evaluación como factor para mejorar la calidad de la educación. Y lo cierto es que teníamos tenemos algo que decir al respecto.

En primer lugar, partimos de la base de que entender la evaluación como exámenes finales es al menos, a la hora de determinar la calidad de la educación un error; la cantidad de factores puntuales que pueden entrar y entran, vaya si entran en juego en este método es lo bastante notable como para cuestionarnos su eficacia. De este modo, una evaluación continua que incorporase trabajos de clase, exámenes parciales, actividades en el aula... no sólo sería preferible, sino también más reveladora del auténtico nivel del alumnado y, en consecuencia, de la calidad de la educación recibida.

En cuanto a la equidad, para alcanzarla con éxito, habría que tener en cuenta las condiciones de cada alumno, algo que resulta poco menos que imposible en un aula demasiado concurrida como para prestar ningún tipo de atención individualizada. ¿La propuesta del Consejo de Ministros de trabajar en equipo los profesores y el propio alumno para detectar fallos de aprendizaje? Suena tan bien como poco realista; de nuevo, los números juegan en contra del idealismo. Las situaciones personales y sociales son indudablemente condicionantes, pero si no es posible conocerlas para buscar soluciones a medida, debería al menos promoverse una cierta flexibilidad. Dicho de otro modo: intentar adaptar el sistema al alumno en lugar de obligar al alumno a adaptarse al sistema; un sistema que, por su parte, muchas veces promueve queriendo o sin querer una competitividad que va en contra del propio objetivo de equidad y excelencia. Sobre todo contra el de equidad.

A día de hoy, en pleno 2021 y habiendo finalizado la famosa década en que se encuadraban estos doce objetivos, no podemos decir que el segundo de ellos se haya logrado con éxito. De acuerdo con el último informe PISA que data de 2018—, los resultados de España no han mejorado de manera significativa desde 2009 antes del planteamiento de los objetivos, y continúan encontrándose por debajo de la OCDE, como podemos comprobar en estos gráficos.

Ahora bien, ¿qué hay del resto? Si consultamos el último informe acerca de la situación en España en relación con la Estrategia Europea 2020, podemos concluir que, en general, a nuestro país aún le queda trabajo por delante. Excluyendo el segundo objetivo —puesto que acabo de exponerlo—, desarrollemos la evolución de los demás.

El éxito educativo de todos los estudiantes. El retraso de nuestro país en este ámbito queda patente cuando comprobamos que tanto las tasas de abandono escolar prematuro como las de repetición de curso siguen siendo muy elevadas.

Flexibilidad del sistema educativo y estudios postobligatorios. Educación a lo largo de la vida. En lo relativo a potenciar el llamado lifelong learning, el Ministerio de Educación y Formación Profesional ha tomado una serie de medidas —podéis encontrarlas desarrolladas aquí— para ofrecer enseñanzas que mejoren la formación de la sociedad española. En cuanto a la flexibilidad y a la posibilidad de compaginar estudios y empleo, considero que también hemos avanzado bastante, sobre todo gracias a las nuevas tecnologías, que facilitan la educación a distancia... siempre que uno pueda permitirse económicamente el acceso las TIC, claro está.

La Formación Profesional como instrumento clave para avanzar hacia un nuevo modelo de crecimiento económico. Si bien es cierto que las tasas de matriculación en grados superiores de FP son bajas y que no está muy bien valorada como vía de enseñanza, también habría que destacar que, en lo que a obtener puestos de trabajo se refiere, la balanza se inclina a su favor. Según los datos del último Observatorio de las Ocupaciones del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), su tasa de empleabilidad supera la de los estudios universitarios, como se pone de manifiesto en este artículo.

Nuevas formas de enseñar y aprender: El papel de las TIC. A nivel educativo, el nivel de capacidades digitales sigue siendo insuficiente y el uso de las TIC aún plantea problemas en muchos profesores. Sin embargo, cabe mencionar que su presencia en las aulas es cada vez más continuada, sobre todo en respuesta a la pandemia de la COVID-19, que aún ahora continúa dificultando la impartición de clases presenciales, con lo que me atrevería a asegurar que esta deficiencia no tardará en ser corregida. Aunque sea por la fuerza.

Plurilingüismo. Impulso al aprendizaje de idiomas. Con la instauración de la nueva ley de educación, la LOMLOE —que podéis encontrar aquí—, se potencia el plurilingüismo, puesto que las lenguas cooficiales, en los territorios que las tengan, pasan a estar al mismo nivel que el castellano. A pesar de esto, según la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), España continúa a la zaga en lo que a la enseñanza de segundas lenguas extranjeras se refiere; tal y como relata este artículo de 2020, sólo un 46% del alumnado de secundaria cursa un segundo idioma, mientras que en otros países es obligatorio.

La Educación como bien de interés público y derecho de toda la sociedad. Teniendo en cuenta que la inversión pública en educación que se hace en nuestro país sigue siendo relativamente baja —una de las más bajas de la OCDE, de hecho, tildaría este objetivo de fracaso. Al hilo de esto, vuelvo al tema del cierre de centros educativos en la España rural que ya se trató en la entrada IV, algo que dificulta la escolarización de un grupo para nada despreciable de alumnos.

Modernización e Internacionalización de las Universidades. Formación, investigación, transferencia del conocimiento y responsabilidad social. Dada esta baja inversión pública en educación, no creo que se pueda considerar que este punto haya sido un éxito.

Dimensión social de la educación: Becas y Ayudas al estudio. Si se me permite, vuelvo una vez más a la escasez de inversión pública en educación, que resulta fundamental para poder costear este tipo de programas. Si además, como ya se ha mencionado, España posee la tasa más alta de abandono prematuro de la educación y la formación en la UE, y tenemos en cuenta que la situación educativa y socioeconómica de los padres influye de manera significativa en el desempeño de los hijos, no es descabellado plantear que la atención que se presta a la dimensión social de la educación es insuficiente.

Convivencia y educación en valores: Implicación de la familia, del profesorado y de la sociedad. Aquí, creo que se puede apreciar una mejoría, ya que se han generalizado las charlas en los centros para mejorar la convivencia y acabar con los conflictos, así como las campañas contra el bullying o el ciberacoso, de prevención del suicidio, educación sexual... Sin duda, todavía queda camino que recorrer, pero es un buen comienzo.

Profesorado: Reconocimiento profesional y social del docente. Citando a la comisión europea, «La inestabilidad laboral es uno de los principales retos con los que se enfrenta el personal docente en España». Y no tengo mucho más que añadir sobre el tema.

Educación inclusiva, diversidad e interculturalidad: derecho a la diferencia sin diferencia de derechos. No se puede no mencionar el célebre —y polémico— «pin parental», ¿no? El mero hecho de que se llegara a proponer e incluso implantar, aunque se hable de combatirlo, dice mucho de los avances que no se han producido en lo relativo a este duodécimo objetivo para la década 2010-2020. Y por si las moscas, os dejo este artículo, que explica el tema mejor que yo.

Finalmente, me gustaría mencionar que en el último Programa Nacional de Reformas se plantearon numerosas propuestas a propósito de la educación, propuestas que abogan principalmente por su modernización y por una mayor y mejor distribución de ayudas al estudio. Con un poco de suerte, estos propósitos se cumplirán mejor.

¡Gracias por leerme! Y hasta aquí por hoy.

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