III. LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA: CULTURA DEL ESFUERZO Y AFÁN DE SUPERACIÓN
¡Hola! Hoy vengo a hablar —escribir— acerca de la cuestión del estado de la educación de nuestro país; más concretamente de la medida de recuperar la cultura del esfuerzo e incentivar el afán de superación, que no por nada fue el tema sobre el que reflexionamos algunos compañeros durante la clase del pasado 22 de septiembre. Nuestro punto de partida fue el modelo educativo surcoreano, tomado como referente a nivel mundial debido a los excelentes resultados obtenidos por el alumnado y cuyo sistema, sin embargo —o quizás precisamente por esto mismo—, no está exento de ser objeto de debate.
A raíz del reportaje que comenzamos a ver en el aula —aquí mismo os dejo el enlace—, así como del artículo —este está por aquí— que el profesor propuso al respecto, podemos hacernos una idea bastante clara de cómo funcionan las cosas allí, de qué objetivos se persiguen y de qué prioridades se establecen en lo que al aprendizaje de los estudiantes se refiere. Y es a partir de todo esto que me permito juzgar, opinar y extraer algunas conclusiones que poner en relación con el tema correspondiente.
En primer lugar, cabría destacar lo más evidente: el hecho de que Corea del Sur antepone los resultados académicos a la salud mental de los alumnos, y que si obtiene calificaciones tan altas es a costa de una cifra igualmente elevada de suicidios. Del mismo modo, es interesante constatar que las clases privadas son una práctica habitual en esta sociedad. Así pues, ¿es realmente este modelo uno que deberíamos tratar de imitar? A mí parecer, la respuesta es que no, y no sólo por los niveles extremos —que me atrevería incluso a calificar de radicales— a los que se llega con tal de alcanzar la perfección académica, sino también porque considero que la base sobre la que está construido es errónea.
Me explico; el mero hecho de que todo el valor del estudiante en el aula radique en sus calificaciones y que estas se obtengan gracias a agentes ajenos a las escuelas implica la existencia de ciertas fallas en el sistema. Que los alumnos deban hacer horas extra —bien en autonomía, bien contratando tutores particulares— para obtener resultados cada vez mejores es síntoma de que algo está fallando, puesto que en un mundo ideal con un sistema educativo perfecto, los colegios bastarían por sí mismos para aprender, ¿no? Y aquí, aprender no parece ser suficiente. Es entonces cuando en juego la competitividad —intrínseca a esta noción de cultura del esfuerzo— que se está fomentando, queriendo o sin querer, a través de estas presiones externas —por parte del profesorado, de los padres o de la sociedad en general— para obtener las mejores calificaciones que existen en la cultura surcoreana... y también en la española, aunque no de la misma manera ni en la misma medida.
No quiero decir con esto que no se deba fomentar la cultura del esfuerzo, ni hacer desaparecer por ello el afán de superación; todo lo contrario. Lo que quiero decir es que estos esfuerzos deben verse reflejados en la superación de los resultados propios, no de los ajenos, para evitar así las comparaciones y competiciones entre alumnos que terminarían llevando a situaciones vagamente similares a las que podemos encontrar en Corea del Sur y que en realidad tampoco distan tanto de la situación española actual. Asimismo, de seguir en esta línea, el sistema educativo acabaría perdiendo peso en favor a las academias privadas y, a la larga, aumentarían las diferencias sociales, puesto que sólo podrían obtener las mejores calificaciones quienes se lo pudieran permitir. Pero este es un tema para otra ocasión.
En cualquier caso, en base a todo esto, comentamos en grupo posibles maneras de propiciar esfuerzo y superación, que parten de la idea de motivar al alumno para despertar su voluntad de mejorar. Nuestras propuestas consisten, a grandes rasgos, en la introducción de refuerzos positivos —que animen a los estudiantes a seguir trabajando— por parte del docente, la potenciación de la evaluación continua frente a la final —de tal forma que el alumno pueda ver de primera mano sus propios progresos y actuar en consecuencia— y la facilitación del trabajo en equipo para que todo el mundo pueda aprender de todo el mundo. Acabar con la competitividad, en definitiva, y apostar por la cooperación, que enriquece más.
¿Qué hay de vosotros? ¿Se os ocurren otras propuestas? ¡Os leo!
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