II. EL TEATRO EN LAS AULAS DE LENGUAS EXTRANJERAS

¡Hey! Soy yo otra vez. En esta entrada me gustaría volver a una cuestión que mencioné medio de pasada en la anterior, y no es ni más ni menos que... el teatro. Concretando un poco más, hablemos del teatro como herramienta, ya no sólo de cara a mejorar las habilidades expositivas del alumnado, sino también a introducirlo en la literatura dramática de una lengua. En el caso que me ocupa, el francés.

El teatro, en general, queda relegado al ámbito de las actividades extraescolares; de este modo, son sólo los alumnos con inquietudes dramáticas quienes terminan formando parte de este mundo. Pero ¿por qué no ampliar el grupo meta? ¿Por qué no aprovechar las posibilidades que ofrece ser agente activo de una obra? Y convertir a los alumnos en auténticos intérpretes en lugar de meros espectadores de una pieza durante una breve excursión a la sala de turno.

Cuando se habla de teatro, la experiencia completa suele reducirse a la puesta en escena final, y pocas veces se piensa lo suficiente en el proceso: los talleres de improvisación, los ejercicios de vocalización, los análisis del texto... diversas actividades que, al final, son las más importantes y tocan de una manera u otra las distintas competencias que se han de trabajar en el aprendizaje de una lengua. En realidad, la representación es lo de menos.

¿Qué aportaría, pues, un taller de este tipo en un aula? Además de la evidente dimensión lúdica —no deja de hacerse menos pesado que una hora aprendiendo a conjugar el verbo «être» por cuarto curso consecutivo—, se fomentaría la creatividad de los alumnos, se mejoraría su capacidad de hablar frente a un público más o menos numeroso y se reforzaría la expresión oral en una lengua extranjera, a la que tanta importancia se otorga en la actualidad. Asimismo, también aparece el concepto de proyecto en común, uno en el que se puede volcar ilusión además de trabajo y energía, y esta parte en concreto es la que puede resultar más atractiva. ¿Qué profesor no quiere que sus alumnos estén motivados en clase?

Ahora bien, tampoco sugiero limitar el currículum académico a esta práctica, nada más lejos de la realidad, pero creo que su incorporación —o al menos, su planteamiento— podría ser algo interesante. Al fin y al cabo, ¿no están extendidos los ejercicios de juegos de rol en la enseñanza de idiomas? Bien, pues un taller de teatro vendría siendo más de lo mismo. A mayores, podría analizarse una obra determinada, contextualizarla, y dar, a través de ella, pequeñas pinceladas de la literatura de la lengua la gran olvidada— antes de servirse de la pieza para un fin más útil de cara a la vida real: practicar pronunciación, entonación, ritmos, y perder la vergüenza a interactuar en otro idioma.

¡En fin! Sea como fuere, esto no deja de ser una reflexión personal basada en mis propias experiencias, así que me encantaría saber qué pensáis al respecto.

¡Nos leemos!

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